Una Cancha por un Baño

La decisión estaba tomada: el club se presentaría ante la misionera que gestiona el merendero del asentamiento y, conocedores de que los habitantes del mismo comparten el precario baño que una de las vecinas habilita, nos ofreceríamos a construir un SERVICIO HIGIENICO PUBLICO.

Era coherente, teníamos algunos fondos disponibles y, por sobre todas las cosas, la firme convicción de que realizaríamos un importante servicio a la comunidad.

Con la certeza de que nuestra propuesta sería muy bienvenida, nos dirigimos al convento, donde nos recibió la Hermana Mariana.

Café de por medio, realizamos el planteo … nos escuchó con atención y nos dijo: “Es buena idea, pero NECESITAMOS UNA CANCHA°

Nos miramos con desconcierto porque eso estaba en las antípodas de lo que habíamos estado discutiendo durante varias reuniones. En ese punto, nos dimos cuenta de que estábamos ante nuestro:

Primer aprendizaje: EL PROYECTO DEBE CONTEMPLAR LAS NECESIDADES DE LA COMUNIDAD A LA QUE ESTÁ DIRIGIDO

Antes de visitar el barrio había que ponerle una coraza al alma, porque la realidad con la que nos enfrentamos, era mucho más impactante que lo que sabíamos por comentarios de terceros. La “cancha” en la que jugaban, era un baldío inundable; antiguo basural al que le habían colocado una capa de escombros. Era fácil imaginar las rodillas lastimadas ante las inevitables caídas durante el juego, pero, de acuerdo a los comentarios de Sor Mariana, eso era preferible a los riesgos que corren practicando deportes en el cantero central de la ruta.

El nuevo planteo llegó al Club. Las reacciones fueron diversas: sorpresa, desconcierto, aceptación y por fin la decisión consensuada de comprometernos, aún sin tener mucha idea de qué tipo de piso sustituiría lo que había hasta el momento.

La solución llegó con la propuesta de colocar un producto ecológico. Se trataba de un material producido con cubiertas de vehículos molidas, ligadas por un adhesivo de resina, sumamente resistente e imposible de vandalizar (o por lo menos eso fue lo que dijo la empresa). Al aceptar el presupuesto, hicimos confianza en lo que nos plantearon, no redactamos un contrato formal y allí estuvo nuestro:

Segundo aprendizaje: TODAS LAS OBRAS QUE SE EMPRENDAN DEBEN QUEDAR DEBIDAMENTE DOCUMENTADAS

El proyecto se “agrandó” sumando un muro ecológico y una huerta orgánica que se construirían con voluntarios y vecinos. Logramos involucrar un organismo del Estado que estaba realizando obras en el barrio y todo empezaba a cerrar. Nos entusiasmamos y, sin hacer un análisis F.O.D.A. (FORTALEZAS, OPORTUNIDADES, DEBILIDADES y AMENAZAS) nos “tiramos al agua” sin saber cuán profundo era el río ni medir la fuerza de las corrientes.

Tercer aprendizaje: ANTES DE EMBARCARSE EN UN PROYECTO COMPLEJO QUE IMPLIQUE CONSTRUCCIONES, ANALIZAR LOS PRO Y CONTRAS QUE PUEDAN SURGIR DESDE TODOS LOS ANGULOS POSIBLES

Se acordó que el 28 de febrero de 2018, el Plan Juntos ingresaría al predio con su maquinaria para nivelar el terreno. Cuál no sería la sorpresa cuando constatamos que, uno de nuestros aliados estratégicos que se suponía iba a proporcionar el balastro, se bajó del proyecto.

Cuarto aprendizaje: NO TODOS LOS QUE SE COMPROMETEN, CUMPLEN

Otro inconveniente vendría de la mano del primero: el predio del vecino por donde iban a ingresar los pesados vehículos, no era lo suficientemente firme, por lo que hubo que rellenarlo.

Quinto aprendizaje: SIEMPRE VAN A SURGIR IMPREVISTOS QUE IMPLIQUEN COSTOS ADICIONALES MAYORES A LOS CALCULADOS

Superado este obstáculo, la cancha estaba nivelada y pronta para empezar a colocar las capas del piso de goma

La empresa se demoró unos días y en el ínterin, un tremendo aguacero prácticamente destrozó todo el trabajo realizado. Un factor que no habíamos tenido en cuenta

Ante el inconveniente, luego de la tristeza y el desconcierto, primó la actitud positiva de toda la Rueda de Paso del Molino y la determinación de superar la adversidad.

Había que pensar positivamente, por lo que decidimos tornar la crisis en oportunidad: era una prueba que nos permitió constatar que se necesitaban instalar caños de desagüe y una cámara para evitar que, una vez colocada la capa de goma, se infiltrara agua por debajo y la levantara.

Pusimos el contador en cero y volvimos a empezar. Luego de las coordinaciones burocráticas, los mensajes y fotos del grupo de whatsapp creado con todos los interesados (autoridades del gobierno, empresa, Sor Mariana, los vecinos y los rotarios del club) y adaptar los tiempos de la construcción, por fin la “primera cancha” quedó terminada. Celebrábamos con optimismo y orgullo, mostrándoles fotos y vídeos a nuestros familiares (que nos daban ánimo y escuchaban nuestros lamentos), del resultado “final” de tanto esfuerzo.

Otro diluvio y la cancha nuevamente se rompió. No lo podíamos creer. Ni siquiera tuvimos tiempo de organizar la inauguración y ya no teníamos nada para inaugurar.

La empresa asumió que había calculado mal la firmeza del suelo, por lo que había que hacer un contrapiso de hormigón y colocar sobre el mismo, el piso de goma.

Estábamos como al principio pero con nuevas presiones.

Los constructores argumentaban que, al no tener un cerco, los animales (caballos, cerdos y perros), ingresaban a la cancha sin que hubieran fraguado los materiales y los niños jugaban en el lugar aún antes de que se retiraran los operarios, con el consiguiente deterioro que esto ocasionaba.

Los vecinos reclamaban un tejido (otro costo adicional) porque el barrio “crecía” detrás de la cancha y se corría el riesgo de que construyeran muy cerca de los límites y hubo que mediar para solucionar conflictos.

Sexto aprendizaje: AL EMPRENDER UN PROYECTO, ANALIZAR EL CONTEXTO SOCIAL

Solamente un Club muy sólido y comprometido puede resistir tantos inconvenientes. Esa es nuestra gran fortaleza, por lo que nos dimos ánimo unos a otros y seguimos apostando al proyecto.

Se realizó el contrapiso (no sin inconvenientes) y “finalmente”, el 21 de agosto de 2018, la empresa nos entregó formalmente, el trabajo terminado. Lo aceptamos con ciertas dudas porque, al caminar sobre él, notábamos que la capa de material era de un espesor mucho menor al de la muestra que habían traído al Club cuando se presentaron.

Tal y como lo sospechábamos, SE VOLVIO A ROMPER

En esta etapa, ya el enojo y la decepción de toda la Rueda era evidente. Cada uno reaccionaba de acuerdo a su personalidad y, al ser un Club cuya membresía está integrada cincuenta por ciento damas y cincuenta por ciento caballeros, las visiones, diferentes y equilibradas, nos permitieron llegar a una decisión “diferente y equilibrada”: se enviaría una carta a la empresa constructora detallando el proceso con nuestra disconformidad expresa y, paralelamente, el socio que durante toda las etapas había sido el veedor cualificado de nuestra parte, trataría de encontrar una solución al problema en el que estábamos.

Por un lado, empezar con una nueva empresa era inviable dado que no disponíamos de más recursos económicos y, por otro lado, que continuara la contratada implicaba hacer un voto de confianza por tercera vez.

Teníamos la obligación de cuidar la IMAGEN DE ROTARY y ese era uno de los temas que más nos preocupaba. Utilizamos los medios de comunicación de los que disponemos y, a través del grupo de whatsapp, manteníamos la moral de los vecinos y el compromiso de que la cancha se iba a terminar.

El acuerdo al que se llegó implicó un nuevo costo adicional, como era de esperarse, pero nos permitió subsanar el error de confianza que tuvimos al comienzo de las obras y FIRMAMOS UN CONTRATO en el que se adjuntaba la memoria descriptiva de la reconstrucción y las responsabilidades correspondientes.

Un detalle interesante surgió en la reunión en la que se aprobó la solución: un socio recién ingresado, comentó que había trabajado en vialidad y conocía del tema. Seguidamente, se ofreció a ir a controlar in situ, que no se repitieran los errores anteriores que habían llevado a dos fracasos sucesivos (adhesivo insuficiente, mala imprimación y recubrimiento muy delgado). El compromiso y

la responsabilidad con que los nuevos socios se involucraron en el proyecto, les permitió “sentirse parte”.

Séptimo aprendizaje: TENER EN CUENTA LA CLASIFICACIÓN DE LOS SOCIOS

Es así que, el 26 de octubre de 2018, a más de un año de haber comenzado con la primera idea del “baño comunal”, fue entregada y aceptada la obra terminada

Octavo aprendizaje: ROTARY ES CONTINUIDAD Y LOS PROYECTOS NO SE DETIENEN PORQUE CAMBIEN LAS AUTORIDADES DEL CLUB

Con la firma de todas las partes involucradas y ante Escribana Pública (socia del Club), se procedió a entregar formalmente la CANCHA POLIDEPORTIVA. Ante todos los inconvenientes por reclamos que fueron surgiendo a lo largo de esta odisea, se realizó un Acta formal en la que se deslindaban todo tipo de responsabilidades y se otorgaba una garantía de seis meses (de parte de la empresa) por roturas inherentes a fallas constructivas.

Noveno aprendizaje: EVITAR DEMANDAS CIVILES QUE COMPROMETAN EL BUEN NOMBRE DE ROTARY

os jóvenes suscribieron el ACTA DE ENTREGA y se comprometieron a cuidar de la cancha y utilizar debidamente el espacio recreativo del que ahora disponían: un lugar donde practicar deportes sin riesgos de accidentes o lesiones, que es además, la primera etapa de las dos subsiguientes, la construcción de muro ecológico y la creación de una huerta orgánica comunitaria.

Décima enseñanza: INVOLUCRAR A LOS INTERESADOS Y COMPROMETERLOS CON EL MANTENIMIENTO Y CUIDADO

No cabe duda que nuestro Club Rotario Paso del Molino salió fortalecido de todas las experiencias vividas, sin dejar de lado el orgullo que sentimos por la realización de una obra que, si tenemos en cuenta los mil dólares que donó la Comunidad Religiosa Misioneras del Verbo Encarnado, más los aportes  del Club, superó los DIEZ MIL DOLARES.

Sin embargo, ver a los niños disfrutar de la textura del piso, rodando, haciendo gimnasia, corriendo y, en todo momento, tratando de caer y rebotar, NO TIENE PRECIO

CLUB ROTARIO PASO DEL MOLIN
4970 – Montevideo – Uruguay